Avance

Desabrocho el primer botón y aunque no hemos encendido las luces puedo entrever su cuerpo semidesnudo y se me antoja como un lienzo blanco sobre el que esta noche pintaré mi mejor obra. Sé que lo digo siempre, pero esta noche voy a esforzarme todo lo posible por dar lo mejor de mí.

Otro botón cede a la presión de mis dedos.

Recuerdo la primera vez que nos hemos visto, te he preguntado tu nombre y me has dicho que era Linda, o Carmen o algo parecido, tal vez ni se pareciera pero la verdad es que me daba igual. Te he dicho que era un nombre muy bonito, que mi hermana se llamaba así también, pero la verdad es que soy hijo único, y aunque no tenía porque mentirte siempre me gusta inventarme algo cuando conozco a alguien para así sentir que aunque vayamos a acostarnos, no lo sabrán todo de mí.

Esta vez son unos cuantos botones los que se abren dejándome ver casi por completo tu sujetador negro con encajes en los bordes, encajes que me hacen desear enredarme en ellos y quedarme atrapado durante unas semanas, pero supero la tentación y continúo desabrochándote la camisa.
…………

Casi sin darte cuenta te quito la camisa y la dejo caer cerca de una silla, y comienzo a recorrer todo tu cuello con suaves besos que a veces se convierten en minúsculos mordiscos, pero que hacen que tu vello se erice y tu cuerpo se estremezca casi imperceptiblemente en una decima de segundo. Pero lo noto. Siento como el calor sale despedido de cada poro de tu cuerpo porque ya no puedes contener tanto ardor en tu interior, sé que me deseas, y que deseas que termine ya de memorizarte. Pero aún queda mucho para eso.

Por cierto, te habrás fijado que aun no he desabrochado tu sujetador, y eso tiene un por qué, pero no sé siquiera si te lo contaré mas tarde. Ahora mismo estoy enfrascado mirándo tu cuerpo un poco más desnudo que antes, pero por otro lado, ahora estás más vestida de ti misma. Y eres preciosa. Joder si lo eres. Creo que voy a necesitar más de una noche para poder acostumbrarme a tanta belleza. Pero ese no es el caso. Una noche es todo lo que tenemos.

Mientras pensaba en estas cosas me has arrancado mi camiseta y ahora está junto a tu camisa, sobre el suelo. No sé cómo no me he podido dar cuenta, pero es que te repito, eres jodidamente preciosa.

Más besos llegan tras tumbarnos sobre la cama, y también más botones que desabrochar, pero para mí es ya pura rutina. Así que sin parar de besarnos nuestros pantalones desaparecen. Y ahí estamos, dos personas que se acaban de conocer (aunque ni si quiera ahora soy capaz de acordarme de tu nombre), tumbadas en la cama y en ropa interior. ¿Puede haber un momento mejor que éste? No miro el reloj para saber qué hora es, no me interesa lo más mínimo.

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.